El Presidente Andrés Manuel López Obrador dice que México ha vivido en un Narco Estado anteriormente. Se refiere, con mucho hincapié histórico a las administraciones de Felipe Calderón y de Peña Nieto por los sucesos que ahora se ventilan públicamente. Genaro García Luna, secretario de seguridad pública del primero, se encuentra detenido en USA enfrentado a la justicia por nexos con el crimen y enriquecimiento ilícito. Del segundo, señala eventos esporádicos.
Es muy sabido que ciertas regiones del país se han visto envueltas por la protección de las bandas locales. Quienes en el afán de no permitir el ingreso de rivales, cuidan muy bien su zona, marcando el territorio y estableciendo sus propias leyes. Dentro de ese sistema de protección, también existe el de extorsión, pues para brindar seguridad a la población, cobran cuotas a negocios establecidos.
En el estado de Sinaloa, sabemos que la ley imperante, ante una autoridad colapsada, instituciones de seguridad pública rebasadas y constantemente compradas, es de los grupos delictivos. Aún, existen rincones en donde ni siquiera el estado tiene presencia. De hecho, existen casos en los que los señores que mandan, imponen a las autoridades, desde funcionarios, alcaldes y diputados.
Sin embargo, también sabemos que esto no es nuevo ni obedece a las administraciones de Calderón o Peña Nieto. Desde los años 70’s, en los que la autoridad se llamaba todo poderosa, existió el vinculo con el hampa. Así, tenemos que los cuerpos policiales estaban conformados por elementos que brindaban protección a los grupos criminales y por ello recibían onerosa compensación.
Así, autoridades municipales, del estado y federales, en algunos casos incluyendo al ejército, se vieron arropadas por el manto protector del efectivo en dólares que pagaba el Narco por sus servicios. Innumerables historias de arreglos en lo oscurito, de ejecuciones programadas, de capos abatidos junto con sus escoltas, quienes resultaban ser funcionarios de alguna institución de seguridad.
Ese vinculo, creció tanto que se fue apoderando de otras corporaciones, al grado de llegar a despachos gubernamentales, o bien, del servicio judicial, pasando por las oficinas del Ministerio Público. Nada de eso, a los ojos del ciudadano común, se puede demostrar jurídicamente. Pero eso no implica que nuestra realidad lo ignore.
Si el presidente quiere hablar de Narco Estado, debe revisar muy bien el comportamiento de sus allegados. Dentro de sus funcionarios puede existir alguien con esos vínculos en su pasado o de manera reciente. Las fuerzas de seguridad federales, están comandadas por hombres de experiencia que llevan muchos años en servicio. Más de alguno, debe contar con una historia turbia en su expediente.
A dos años de su arribo al poder, Andrés Manuel López Obrador ha escrito muchas páginas de historia. Dentro de esa historia, se encuentran sucesos cuestionables. Detenciones llevadas a cabo por la autoridad federal, que el poder judicial califica como erróneas y resuelve liberar al imputado. Demostraciones de poder en video, donde aparecen más de 80 elementos, armados, uniformados, en un convoy de vehículos con insignias de su cartel. Hasta tenemos una extradición cantada y cacaraqueada, que resultó en una visita al doctor.
Yo recuerdo que la promesa de campaña fue acabar con esta ola de violencia, desde el primer día de su gobierno. Cantó a los cuatro vientos que los delincuentes se iban a dedicar a cosas más productivas porque se terminaría la corrupción. Porque existirían más oportunidades.
De los eventos más dramáticos, tenemos los abusos sobre el ejército, sin que estos puedan responder, cuando acuden a ciertas comunidades. Culiacán festeja agradecida la liberación, en pleno operativo, de un detenido cuyo grupo, con su fuerza, demostraron que no están dispuestos a ceder ante la autoridad, después de un mal ejecutado operativo. El colectivo social celebra cuando un grupo de usuarios le pone la madriza de su vida a un asaltante, en una combi, debido al hartazgo y la impotencia que generan esos delitos sin que la autoridad ponga orden.
A 2 años de su triunfo electoral, los homicidios siguen incrementando, la ola delictiva cubre cada vez más terreno, los delitos menores son más cotidianos. Seguimos sin estrategia para combatir al crimen. Los delincuentes no se han detenido, ni se les han generado nuevas oportunidades. Ni siquiera ha surtido efecto la contundente amenaza presidencial de acusarlos con su mamá. Si según el criterio del presidente, antes lo fuimos, parece que el de la 4T también es un Narco Estado.
Buzón de Salida. Hizo públicas sus aspiraciones para contender por la Gubernatura de Sinaloa el próximo año. Causó grave impacto entre sus opositores. Incluso, al interior de su partido, pues ahora les ha marcado la agenda. Luis Guillermo El Químico Benítez, empieza a recibir ataques y a librar sus primeras batallas dando pasos concretos para ejecutar su plan de aquí a 2021.
Storyteller.
Al Chávez Rubio.
El maestro Chávez Rubio es Abogado. Se ha desempeñado en el servicio público como jurídico en dependencias Federales, Estatales y Municipales. También es Catedrático, Analista y Columnista en diversos medios de comunicación.
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