Berta Isla y Tomas Nevinson eran una pareja de universitarios españoles que mantenían una relación de hace años. Cuando llegó el momento de graduarse de
la universidad sus caminos se separaron. Berta ingresó a dar clases en una escuela de artes y a él le ofrecieron una beca para estudiar el posgrado en Oxford. Tomas
fue acreedor de la beca por sus talentos innatos para la imitación, los idiomas, la persuasión y su desbocada inteligencia. A los meses de llegar a Oxford él estableció
una relación con la bibliotecaria de su facultad. En una de las ocasiones que la visitó fue interceptado por Mr. Tupra, un maestro sexagenario que era famoso desde que se corrió el rumor de que trabajaba para los servicios secretos de inteligencia de la corona inglesa. Tupra fue y se sentó con Tomas y la conversación que sostuvieron se resumió en una propuesta: incorporarse como espía a los servicios de inteligencia de la corona. La negativa de Tomas fue rotunda y no hubo argumento que valiera para cambiar su respuesta.
Ese mismo día visitó a la bibliotecaria, pero ahora en su casa. Se marchó ya entrada la madrugada. Cuando despertó en la mañana estaban dos policías esperándolo en la puerta. Su novia había aparecido muerta y él era el único y principal sospechoso: había huellas, cabellos y hasta las colillas de cigarros españoles que él fumaba en el departamento de ella. Después de un proceso todo apuntaba a que le iban a dictar sentencia, y en una de las audiencias se apareció Mr. Tupra. Su propuesta fue concreta: acepta y te sacamos de este lío. La respuesta de Tomas fue de molestia: “que paradoja. Los rechacé porqué no quería perder mi libertad, porqué sabía que entrando con ustedes dejaría de ser yo. Pero si no los acepto ahora perderé mi libertad en una celda”. Después le preguntó a Mr. Tupra: ¿y yo qué gano una vez que entre con ustedes, claro, además de salir de este lío del que ni siquiera soy culpable? La respuesta me cimbró:
“Mira, obtendrás, además de una muy buena paga, acceso al conocimiento que jamás imaginaste. Pero mira, más importante que eso. Tú viniste a este
mundo y la realidad te determinó, no pudiste elegir tu nombre, ni la familia, ni el barrio en que naciste. Tampoco elegiste tu nombre, ni la escuela a la que
fuiste, ni el país en que querías nacer ni nada. Así es la realidad: una tirana que determina todo. Hasta nuestros sueños. Sin embargo, hay oficios que te permiten, por lo menos intentar cambiarla, hacerle torcer el gesto a la realidad porque estás intentando cambiarla, porque rechazas lo que te dicta y quieres reescribirla. Uno de esos oficios es la política. Con la política puedes cambiar tu realidad y la de otros”.
Mi sorpresa ante la respuesta seguramente no fue mayor que la de Tomas cuando años después en una galería de arte descubrió que las obras que estaba admirando eran de la mujer que según los expedientes policías él había asesinado hace 30 años. Todo lo construyeron a fin de que aceptara la propuesta. Su existencia misma
era una muestra de eso que decía Mr. Tupra: la política cambió su realidad, y seguramente la de todos los suyos.
Nosotros somos como Tomas. En mayor o menor medida las decisiones y voluntades de quienes tienen poder cambian nuestra realidad y la de las personas que queremos. Esta debería ser razón suficiente para que nos preocupáramos y ocupáramos para vigilar las acciones de quienes nos gobiernan, para conocer el funcionamiento de nuestras instituciones y mínimamente asistir a votar de manera informada en cada periodo electoral. Digamos, pues, que quienes nos gobiernan pueden cambiar nuestra realidad inmediata y futura ya sea para mejorarla o empeorarla. Todo lo contrario a lo que creemos cuando decimos que todo sigue igual, que nada cambia, que todos los políticos son iguales.
La verdad es que siempre se puede estar mejor o se puede estar peor. Las decisiones de quienes nos gobiernan, es decir, la política mejora o empeora
nuestra realidad. Por ejemplo:
• ¿Cree usted que los médicos que han enfrentado el covid están satisfechos con las medidas que se han tomado para apoyarlos?
• ¿Se podrían salvar más vidas si en lugar de una rifa se utilizaran recursos para ampliar la capacidad de los hospitales?
• ¿Cancelar el programa de escuelas de tiempo completo afectará o beneficiará a las madres solteras que salen a defender el pan y la alegría todos los días?
Meditemos y cuando pensemos que nada cambia, que la política no importa recordemos las respuestas a estas preguntas para que tenga claro que la política si nos afecta, que realmente las cosas si cambian, para mal o para bien, pero siempre cambian.
Alfredo Brambila. Licenciado en Politicas Públicas. Campeón nacional y estatal de debate y oratoria. Ensayista. Coordinador del área de análisis y asesoria del Secretariado Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad.