Corre un anécdota de cierto ex gobernador de Sinaloa, que le solicitó a persona de su confianza contactar a Lalo Fernández, quien se dedicó en los 70’s a la actividad del tráfico de enervantes. El recado llegó a Fernández, y era para solicitarle un encuentro, le dijeron: dice el sr. Gobernador que ocupa verlo, que si en su casa o en la de él. El Vito Sinaloense le respondió que en la suya. Comentan que dicho encuentro fue breve, con mensaje directo: mira Lalo, mi negocio es gobernar, el tuyo ya lo sé. Si tú no te metés a mi negocio, yo no enfrentare al tuyo. El gobernador tenía como premisa mantener la tranquilidad, y los sucesos en Tierra Blanca estaban asustando a la clase empresarial, política y social. Lalo, entendió al dedillo y puso orden en sus huestes.
El Estado es la organización suprema de toda sociedad, es el conjunto de instituciones y ordenanza que rigen al territorio dentro de su soberanía. Este nos pertenece a todos, no es propiedad de un gobierno, ya que este es rotativo, y se figura por representantes populares en su poder Ejecutivo y Legislativo, en el Judicial hay servicio profesional de carrera. Lamentablemente han vilipendiado la autoridad dejando a la sociedad mexicana al garete, la consecuencias son cada día más perjudiciales: escalada de homicidios, impunidad, corrupción, policías al servicio del crimen, robo de hidrocarburos, cobro de piso, extorción, entre otros tipos penales que están bajo el control de mafias.
La mística de los gobernantes cambio, su comportamiento bellaco hipotecó la autoridad y pasaron a ser no solo cómplices, sino empleados de grupos fácticos. Atrás quedo la gobernabilidad, esta no se puede tutelar inmoralmente, para poder mantener la paz hay que tener integridad para ejercer el poder. De 1988-1994 hubo sucesos para incriminar a varios funcionarios, la hemeroteca guarda archivos sobre vínculos de personas cercanas al poder con capos. Amado Carrillo y Juan García Abrego gozaron de protección, pagaron por ella, en cada sexenio hubo sospechas del contubernio.
Pero paradójicamente la administración que esta bajo la lupa greenga (sic) es la que le declaró la guerra al narcotráfico, encabezada por Felipe Calderón. Su ex secretario de Seguridad Pública, otrora hombre encumbrado, hoy no es más que un preso acusado de narcotráfico, corrupción, entre otras conductas antijurídicas. Este al parecer esta vinculando al proceso a sus subalternos, Ramón Pequeño García, ex jefe de inteligencia de la policía federal y Luis Cárdenas Palomino, ex jefe de la AFI son acusados de conspiración para traficar cocaína, por el hecho de haber aceptado cuantiosos sobornos; hoy son prófugos.
Este trio de funcionarios traicionó a su jefe -sí es que un Presidente puede ser engañado a ese nivel-, pero sobre todo a la sociedad mexicana, a quién protestaron proteger. Las acusaciones son del gobierno estadounidense, habrá de esperar lo propio de la Fiscalía General, no sólo tiene el deber, sino la obligación constitucional de proceder, sino lo hacen, la transformación será puro slogan.
Soy de la idea de despenalizar la actividad de siembra, cosecha, comercio y legalizar el consumo -ya se permite en ciertas cantidades- de drogas, sugiero que las libertades individuales, más allá de constitucionales, son parte del libre albedrio de individuo, desde siempre, en su clandestinidad o en la vitrina han consumido todo tipo de drogas, pero es esa prohibición lo que ha fomentado la terrible corrupción, raudales de dinero abona a ello, los consumidores empoderan y la sociedad ajena paga las consecuencias. La autoridad es la parte modular, si usted no la tiene en su casa, el caos abortara el seno familiar, igual pero exponencial, si un gobierno carece de ella, de nada sirve la potestad de mandar. Por ello debemos repensar la tipicidad, más allá de los prejuicios, porque la guerra contra este flagelo no solo se ha perdido, sino que nos secuestro al Estado. La actual administración tiene la coyuntura para mandar un mensaje contundente a sus funcionarios, efectividad sí, corrupción ya no más.
Colofón:
Los partidos políticos -hoy como oposición- siguen en jaque mate, sus alfiles no lograron cumplir su rol por el cual se les votó, difícilmente van a levantar el vuelo solo reprochando. La podredumbre solo es carroña para los marrulleros, la gente esta asqueada. La crisis debe ser un escenario para depurar sus filas.
Juan Uliv Guerra
Estudió finanzas en el ITESM, actualmente estudia la licenciatura en derecho. Participó más de dos años como analistas político en un programa radiofónico.