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En defensa de los millenial's (1 de 6): Columna Seguir y no parar, de Alfredo Brambila
Por:
Redacción el
2 de agosto de 2020
Era una de esas tardes familiares de domingo. Estaba compartiendo la mesa con mi abuelo y nos tomábamos un café. A él se le ocurrió preguntarme por las particularidades de mi trabajo: “¿y dónde trabajas hijo?, ¿qué haces ahí? ¿por qué andas enredado con esa gente (políticos)?”. Mi respuesta creo que le convenció. Le dije algo como que alguien tenía que entrarle a la candela. Que no era de los que se contentaba con criticar a los incapaces. Después brincó a un tema personal: “¿y tienes novia?, ¿te quieres casar?”. No recuerdo bien la respuesta que le di. Han pasado más de dos años de aquella plática, pero estoy seguro que mi respuesta fue casi tan desesperanzadora como este 2020. Lo que si recuerdo de manera contundente es su respuesta: “Ni hablar, hijo. Yo a tu edad [yo tenía 22] ya me casado con tu abuela. Tenía una casa, un terreno ahí en el ingenio y ya había nacido uno de tus tíos, pero bueno, eran otros tiempos, los de ustedes son más difíciles”.
Esa respuesta de mi abuelo era igual a la conclusión que arroja cualquier comparación de las capacidades económicas y patrimoniales que se hace entre. generaciones Nuestra generación (los millennials) somos quienes menos capacidades de adquisición de patrimonio y menos dinero tienen.
A nuestra generación le contaron una versión del mundo que ya no es cierta. Le ofrecieron un camino que es intransitable. Siempre nos dijeron que había que ir al a escuela para que una vez que la termináramos pudiéramos obtener un buen trabajo, y ya con el trabajo comprar una cosa y obtener la ansiada libertad e independencia de nuestros padres. Sabemos que no es así, que la escuela ya no garantizael trabajo y que el trabajo (cuando lo obtienes) no garantiza ni casa, ni un buen salario, ni una vida digna.
A nuestros padres y abuelos los explotaron laboralmente, nosotros de pronto ya ni siquiera tenemos oportunidades de ser explotados porqué no tenemos trabajo. A pesar de la situación tan peculiar y desalentadora que enfrentamos no existe quien se posicione frente a nuestros temas. No es casual que seamos los jóvenes quienes menos satisfacción reportamos con la democracia, tanto en el país como en el continente. Nos han fallado y no nos han garantizado uno de los principios fundamentalesde la democracia: tomar los asuntos públicos o problemas de la mayoría y crear soluciones gubernamentales para ellos.
Los partidos políticos son por naturaleza las instituciones encargadas de hablar de nuestros problemas colectivos. Si nos damos un clavado en el discurso, las agendas o los posicionamientos de los partidos políticos no existe una agenda o un posicionamiento respecto a los problemas que enfrenta nuestra generación.
Y más desalentador aún, las carteras juveniles que existen en los partidos no son más que medios de propaganda. Quienes están ahí “representándonos” (nótese las comillas) tienen la función principal y casi única de aplaudir al jefe, lanzar y repetir consignas. No hablan de nuestros problemas y en la mayoría de los casos los desconocen.
Creo que existen condiciones para empezar a posicionar diversas temáticas que le conciernen a nuestra generación. Nuestra precariedad aumentará debido a la crisis que ha ocasionado la pandemia, somos prácticamente el 50% del padrón electoral a nivel nacional y prácticamente la tercera parte en nuestro estado. Si hablamos juntos ¿habrá manera de que no nos escuchen?
A partir de esta columna publicaré una serie de temáticas que considero deben formar parte de una agenda juvenil. Esperanzado y con el optimismo de que logren resonar en algún lado. Ser joven no tiene que ser sinónimo de precariedad.
PD. A pesar de las apariencias soy un mileniall. Tengo 24 años y el miércoles cumplo 25. Gracias por leerme.
Etiquetas:
Columna, defensa, millenial, Alfredo Brambila
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