Desde hace varias décadas se considera que la escuela es una institución que está en crisis. Son constantes los señalamientos en relación a que ya no cumple las funciones para la que fue diseñada: preparar para conquistar el mercado laboral o transmitir una serie de valores cívicos y culturales. Incluso se considera que existen otros espacios que, para bien o para mal, educan más que la escuela, como es el caso de las redes sociales.
La pandemia ha agudizado esta situación de crisis que vive la escuela. Nuestra idea generalizada de educación incluye un espacio físico. En el proceso de enseñanza aprendizaje se engloba al maestro, el alumno y el aula. Incluso, ni las universidades más prestigiosas o innovadoras han abandonado este modelo. Y el COVID-19 ha vuelto irrealizable nuestra idea de la educación.
La pandemia quedó demostrado que las instituciones educativas no tienen las condiciones para funcionar de forma distinta a un modelo presencial. Sin embargo, las escuelas están y estarán abandonadas por lo menos en los siguientes cuatro meses.
A pesar de que las escuelas no han tenido las condiciones para responder a las necesidades que impone un modelo a distancia, el ciclo escolar sobrevivió en gran parte por la audacia e ingenio de maestros que buscaron y encontraron la forma de hacer llegar las actividades y contenidos a sus alumnos, de adecuarlo a las necesidades socioeconómicas de cada uno de ellos: WhatsApp, Facebook Messenger, zoom, classrom, mensajes de texto, todo vale y valió, ellos salvaron a la escuela y a la educación.
Sin embargo, el reto que viene es mayúsculo. Fundamentalmente por tres razones:
En primera por la deserción escolar que, de acuerdo a declaraciones del Secretario de Educación Pública Estatal, Juan Alfonso Mejía: en tiempos normales solo cinco niños de nivel primaria llegan a preparatoria, y con pandemia a esos cinco debemos restarle dos o tres. Fundamentalmente por razones económicas. Habrá alumnos, que al no tener internet o dispositivos móviles se verán obligados a abandonar la escuela. Por tanto, deberán tomarse medidas insuales para garantizar la equidad al acceso y la permanencia a la escuela.
Segundo, los maestros librarán una batalla por la atención. A un click de sus clases estarán las plataformas de entretenimiento o juegos que son mucho más atractivos para sus alumnos. Esto demanda la necesidad de crear nuevas estrategias pedagógicas con gran contenido lúdico, fundamentalmente para los niños.
Tercero, la escuela pierde uno de sus grandes atractivos. Durante lo que dure esta pandemia dejará ser el espacio de socialización y esparcimiento que solía ser. Lo que presupone que el desinterés de los alumnos por la escuela y por ser parte del proceso de enseñanza aprendizaje será mayor.
Cuarto, buscar aún en la distancia que presupone una computadora mecanismos y dinámicas para que los alumnos interactúen. Que no se pierda el potencial de socialización e interacción que históricamente ha tenido y tiene la educación.
Debemos salvar la educación. Los maestros han puesto el ejemplo de que si las condiciones no están ellos las generan. Corresponde a los padres de familia ser parte del proceso e involucrarse más que nunca. Al resto, considerar la necesidad de reivindicar modelos, personajes o individuos asociados con la escuela y que están teniendo un papel heroico e indispensable en esta pandemia (doctores, maestros, investigadores) a fin de que nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes vean que vale la pena permanecer en la escuela, por ellas y por ellos salvemos a la educación.
Alfredo Brambila. Licenciado en Politicas Públicas. Campeón nacional y estatal de debate y oratoria. Ensayista. Coordinador del área de análisis y asesoria del Secretariado Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad.