Históricamente la sucesión por la silla del águila del tercer piso de palacio de gobierno, toma forma ya iniciado el último año de gobierno del gobernador en turno, ello se debe al respeto que se le guarda a la investidura. En Sinaloa desde el siglo XVIII cuando formábamos el poderoso estado de Occidente junto con Sonora la rebatinga estaba a la orden del día, entre ambos territorios primero se definía la capital, ya sea con asentamiento en el municipio de Álamos territorio sonorense o el municipio sinaloense de El Fuerte, posteriormente se buscaban los hombres más fuertes de la región pero era común acuerdo que entre alameños o fortenses se iban a alternar el poder, de ahí para cerrar la nominación mediante voto censitario (voto restringido, solamente podían votar hombres mayores de 21 años, y llevaban mano los que sabían leer y escribir, también un dueño de alguna hacienda podía votar a nombre de sus trabajadores) y así salió humo blanco que anunciaba la asunción al poder del primer hombre occidental.
Con la disolución del estado de Occidente a partir de 1831. Sinaloa se ve en la necesidad de crear una constitución local y nombrar autoridades siguió de moda el voto censitario, pero ahora entraba la búsqueda de una nueva capital sinaloense que durante todo el siglo XIX se eternizó entre la lucha de Culiacán y Mazatlán, las condiciones económicas, el número de habitantes y el asentamiento militar entre ambas regiones fueron suficientes elementos para definir la capital y nombrar al gobernador de manera alternada de ambos municipios.
La sucesión gubernamental negociada del siglo XIX llegó a su fin hacía 1877, cuando el gobernador porfirista Francisco Cañedo Belmonte ascendió al poder, el hombre fuerte originario de la Bayona Nayarit vivió años en Mazatlán, pero su lucha política se vio coronada en Culiacán, así que a partir de esa fecha podemos decir que Culiacán se sentó oficialmente como la capital sinaloense en el eje de las tomas de decisiones políticas.
A lo largo del siglo XX con la tradición del centro culichi Sinaloa entró a una sucesión forzada, como cada final de cuatrienio o sexenio y con el establecimiento del Partido Revolucionario Institucional se instauró el dedazo presidencial que ya había experimentado con cierto éxito Porfirio Díaz para tener entre sus manos el poder absoluto, los grupos económicos sinaloenses viajaban constantemente a la capital mexicana para recibir la bendición presidencial y competir por la gubernatura, no es casual que el presidente de la República se meta tanto en la sucesión estatal qué en 1939-1940. Lázaro Cárdenas regaló a Rodolfo Tostado Loaiza una imprenta para sus panfletos de campaña, y con ello Tostado se convirtió en el primer gobernador independiente en la historia de Sinaloa a pesar de que el partido oficial llevaba otro candidato.
Así con esos detalles del pasado y con la toma de decisiones desde el centro del país, Sinaloa se encamina a la nominación del nuevo sucesor, el termómetro sinaloense día con día registra la temperatura de los grupos políticos y económicos de la región, desde palacio nacional se estudia la posibilidad y de la mano del primer hombre de Sinaloa que es el gobernador, se habrá de definir quien dirigirá los destinos del antiguo estado de Occidente.
Pd: Por salud política de Sinaloa, es hora de que el próximo gobernador o gobernadora salga del centro del Estado específicamente de Culiacán o un avecindado de años dentro de la capital.
Desde 1967 con la llegada de manera provisional al tercer piso de Fortunato Álvarez Castro. Culiacán no ha tenido gobernador, desde entonces a la fecha los culichis que han luchado por tener dicha nominación se han quedado en el camino.
Omar Arias Pérez es Historiador por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Profesor de 3/4 de tiempo en el Colegio de Bachilleres del Estado de Sinaloa, fue miembro del Consejo Nacional de Seguimiento de Políticas Públicas del Instituto Mexicano de la Juventud e integrante de las comisiones de: Políticas Públicas, Educación y Marco Jurídico de dicho Consejo.