La presente pandemia nos presenta en Netflix la serie “The Crown” dicha obra entretenida retrata la vida de la reina británica Isabel II, aquí se ve una trama de pasión, amor y rigidez, no por la familia, no por los deseos personales, sino por mantener el poder por el poder. Los sentimientos familiares como crecimiento de hijos o fallecimientos de padres quedan de lado, la corona y la monarquía se tienen que mantener a través de la diplomacia, gestos, pulcritud de vestuario, calzado e imposición del poder contra el primer ministro del Reino Unido en turno.
Imaginemos a la joven soberana Isabel II de 27 años, con elegancia y poder ante un Winston Churchill de 79 años, viejo lobo de mar, revolucionario, triunfante de la 2da guerra mundial gobernante conservador haciendo galantería de sus frases y poderío, tuteándose con el norteamericano Harry S Truman, con un ruso Nikita Jrushchov, tomando té los lunes al filo del mediodía, imaginemos dos mujeres en la cumbre del poder británico pláticas ríspidas entre: Isabel II y Margaret Thatcher, en fin los protocolos y la real oposición a su alteza muestran respeto a la investidura reinante, en la serie se muestra una amalgama de actores y actrices al nivel muy profesional desarrollando sus actitudes muy propias.
Imaginemos como a través del carisma, belleza y simpatía se impuso la imagen de lady Diana nuera de la reina, la simpatía y carisma dentro de la corona británica a lo largo del siglo XX se impuso en preservar territorios a través de giras donde miles de habitantes se entregaron a su reina, príncipes y princesas, hasta los mexicanos bajo el sexenio de Luis Echeverría se entregaron a la reina Isabel II y juntos brindaron con: Jamaica, horchata y limonada con chía. En los últimos 67 años Isabel II ha mantenido el poder, se transformó la corona al abrir los espacios íntimos del palacio de Buckingham, se dio a conocer gracias al rey consorte Felipe de Edimburgo la intimidad familiar a través de las televisoras mundiales, muchos catalogaron los excesos de despilfarro del reinado, pero la vida de la madre de Felipe la suegra de la mismísima reina: Alicia de Battenberg rescató en los 60´s la imagen de la familia real, la suegra fue llamada su santa alteza real.
El poder británico a lo largo del tiempo se ha transformado y la corona se preserva a través de la frialdad familiar, hoy en pleno siglo XXI habrá que hacernos la pregunta de ¿Por qué la corona real abrió sus espacios íntimos a los actores y actrices para la filmación de la serie The Crown? ¿A caso busca captar la atención de los millennials? No lo sabremos, pero la serie está entretenida.
Si los cineastas mexicanos hicieran una serie similar a “The Crown”, yo les propondría el titulo de “The Crown a la mexicana”, ya que muy a pesar de gobiernos y parlamentos monárquicos británicos vs el presidencialismo mexicano el comportamiento de ambas figuras es similar, nada cambia desde los tiempos de Juárez y Díaz el poder presidencial mexicano se mantiene a través de la frialdad familiar y los cálculos del poder.
La familia presidencial mexicana vive el festín del emborrachamiento reinal por un solo sexenio, no estaría mal estudiar y dar a conocer a la clase millennials mexicana un titulo de “The Crown a la mexicana” que estudie los entresijos del poder del gran Tlatoani mexicano llámese el Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, y sus “primeros ministros” serian encarnados en la figura de los gobernadores de nuestro país.
Pd: Nada que ver Andrés Manuel López Obrador con una demostración absoluta de monarquía absoluta, hay libertad de los gobernadores de separarse de la CONAGO y formar una Alianza Federalista, lo que si preocupa es que hay una máxima centralidad del poder como en los tiempos de “The Crown a la mexicana de Ruiz Cortines y López Mateos”. El presidencialismo mexicano fortalecido desde el cardenismo da mensajes, y si hay un presidente en México que juega con los símbolos del poder ese es Andrés Manuel López Obrador, quien como la Reina Isabel II abrió Los Pinos y muchos mexicanos a través de videos conocemos el rincón más íntimo de Palacio Nacional. El presidencialismo mexicano con presidentes de diversas ideologías se preservará por encima de todas las cosas como la corona real.