Yo envidio, tú envidias, todas y todos envidiamos. Así es, se trata de un sentimiento que todos tenemos pero que nos cuesta aceptarlo, a lo mucho admitimos tener “envidia de la buena” para que se escuche bonito.
La envidia siempre ha existido, es una emoción negativa que forma parte de nuestra naturaleza como seres humanos, consiste en desear lo que otros tienen o desear que no lo tengan si yo no lo puedo conseguir. Incluso, la envidia fue integrada a la lista de los siete pecados capitales por el Papa Gregorio Magno de la iglesia católica allá en el siglo VI. Si alguien se niega a aceptar que ha sentido envidia, no le creas, simplemente le avergüenza aceptarlo, porque es un sentimiento que nos rebaza y no lo podemos evitar.
Ahora bien, con la oportunidad que nos ofrecen las redes sociales de poder mirar lo que otros tienen y hacen, pero nosotros no, recibimos constantes latigazos de envidia; como envidiar el carro que ellos si tienen, la relación de pareja ideal que aquellos muestran, sus vacaciones maravillosas en familia que yo tanto he soñado, el cuerpo perfecto, su belleza, su felicidad, su prosperidad, su éxito, su profesión, lo que come, vidas que parecen perfectas y que yo no tengo.
Lo permitimos y le sufrimos, a pesar de que todos sabemos que es demasiada falsedad, que mucho de lo que vemos en redes sociales está sobreactuado o de que solo publicamos lo bonito, pero es inevitable, estamos enganchados a las redes sociales, nos encanta saber lo que todos hacen, en mi pueblo decimos que nos encanta el chisme y nunca en la historia habíamos tenido la oportunidad de poder ver al instante lo que hacen los otros o de ver lo que tienen, oportunidad que como buenos curiosos jamás vamos a desaprovechar.
Hace unos días una amiga me llamó para contarme todo lo que sufrió la noche anterior pegada a las historias de Instagram, mirando una y otra vez lo que publicaban las personas que fueron a una fiesta en la que ella no pudo estar. Yo misma podría enumerar una larga lista de momentos en los que he sentido envidia al estar mirando a través de las redes sociales, les comparto brevemente que en una ocasión tenía insomnio y se me ocurrió buscar a un excompañero de un curso universitario, lo encontré, me enteré gracias a sus publicaciones en Facebook que hizo un doctorado en una Universidad en Canadá y que ahí mismo se quedó trabajando como profesor, se casó con una chica Argentina hermosa, tuvo una boda maravillosa en Cancún y su vida entre hojas de maple parece más que perfecta. Mentiría si dijera que me dio felicidad, me dio envidia percibir que mi vida no es ni la mitad de hermosa como la de él.
Muchos son los estudios que se hacen sobre la envidia y las redes sociales, pero me llama mucho la atención el término que le da a este fenómeno Ethan Kross, profesor en Psicología de la Universidad de Michigan, le llama “the age of envy”, el momento más envidioso de la humanidad. Argumenta que “las redes sociales nos tienen cada vez más expuestos, que tenemos una ventana sin precedentes a la vida de otras personas, lo que nos da la oportunidad de sentir más envidia, una amarga sensación de ellos sí y yo no”.
Mientras nosotros estamos envidiando a una persona, regularmente olvidamos que alguien nos está envidiando a nosotros, es una cadenita que parece que no tiene fin, mientras yo envidio a alguien que tiene algo que yo deseo, hay alguien que me envidia porque desea lo que yo tengo.
El cómo reaccionamos a la envidia, esa es otra historia, regularmente negamos “likes” para que el que publica se sienta ignorado o desacreditamos sus logros y tratamos de convencernos de que no lo merece para sentirnos mejor y en muchas ocasiones sentimos coraje; somos “cosa seria” los seres humanos, un coctel de emociones.
Me voy a atrever a recomendarles un libro que escribió mi buen amigo el Neuropsicólogo Sergio Mejorado Puga, el libro se llama el Mono Millenial, habla sobre el comportamiento del ser humano y las redes sociales, estoy segura de que les va a gustar. Fue en su libro donde leí por primera vez a detalle sobre la envidia y las redes sociales.
Me despido con una frase hasta cierto punto consoladora del escritor francés François de La Rochefoucauld, “Nuestra envidia dura siempre más que la dicha de aquellos que envidiamos”.
Beatriz Castellanos. Ingeniera Química. Emprendedora. Activista. Se ha desempeñado como asesora de políticos y estratega digital en campañas políticas.
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