Culiacán ha vuelto al ruedo, pese a que siguen las indicaciones de mantener su sana distancia, quedarse en casa y solo salir a lo más indispensable; las calles están llenas de carros, el tráfico ha regresado casi a su completa normalidad; en los parques se puede apreciar a personas haciendo ejercicio, niños jugando… ¿La cuarentena ha terminado?
Lo anterior puede deberse a que varios sectores de la economía se han reactivado y siguen reactivándose; los restaurantes, por ejemplo, ya son muy concurridos por los culichis, al igual que Altata, que al anunciarse su reapertura las personas no tardaron en ir y disfrutar del sol, la comida y la bahía. Claro que, todavía un porcentaje de la población (porcentaje bajo) sigue manteniendo las medidas de prevención, lastimosamente los casos siguen al alza.
Es claro que la economía no puede mantenerse congelada por más tiempo y es indispensable crear estrategias que favorezcan a esta. Sin embargo, No se habla mucho sobre la reactivación anímica, siempre se le presta mayor atención a la parte económica y de alguna manera el sentir queda relegado, careciendo de importancia.
Hemos sido testigos; como lo he mencionado antes, que, con la reactivación económica, muchas personas han retomado sus actividades cotidianas, cosa que ha sido criticado, no obstante, me pregunto ¿Podemos criticarlos? De alguna manera lo que vemos en las calles de nuestra ciudad puede ser solamente un síntoma causado por el confinamiento, para los habitantes de todo el mundo, realmente fue difícil mantenerse en casa, situación que trajo consigo consecuencias psicológicas, malestares que de una u otra manera fueron manifestados.
Se les dio el banderazo para que salieran (por así decirlo) y lo tomaron, quizá no directamente, pero si indirectamente; es verdad que el problema aún no ha cesado y que falta mucho para que esto suceda ¿Cómo pedirles a las personas que sigan estando aislados y limitados para salir y distraerse? Por un tiempo, puede ser enriquecedor y confortable estar apartado de todo y de todos, pero si se mantiene por un tiempo prolongado puede ser agobiante, además el confinamiento no se vive de la misma manera para todos, algunos viven violencia, otros hambre, malestares físicos, en fin… lo cual es un claro ejemplo de que las personas pedían salir, regresar a sus actividades, tener ese respiro para descansar de sus vidas cotidianas.
¿Qué pasa con los que no pueden regresar a la normalidad, no solo económicamente, sino también, anímicamente? Realmente es imperativo crear estrategias para lo anterior, darle prioridad al malestar psíquico, resulta interesante como diferentes instituciones entre ellas el DIF implementó estrategias para acompañar psicológicamente a las personas que se estaban viendo afectados por el confinamiento, empero, aún no he escuchado de estrategias para acompañar a las personas en su reactivación anímica.